La manifestación antibélica del 17 de marzo en Madrid
¿Cuántos manifestantes hubo? No lo sé. Un cálculo que hice, a ojo de buen o mal cubero, me decía que hubo entre 50 y cien mil manifestantes. He oído que los organizadores afirman que fuimos 400.000.
El 13 de enero de este año, en cambio, yo calculé cerca de un millón de manifestantes, y las cifras que circularon fueron mucho menores. Naturalmente mis estimaciones carecen de rigor, pero desconfío de las que se ofrecen de otras fuentes, incluidas las oficiales (cuyo método, al parecer, se cifra en una multiplicación del nº de metros cuadrados ocupados, según se ve desde el helicóptero, por un nº de manifestantes que normalmente ocupan ese metro cuadrado). Unas manifestaciones, como la de Colón del 13 de enero, son densísimas; otras, ralas. Claro, que hay un factor puramente subjetivo de apreciación a bulto. Empecé a estimar números de manifestantes tomando como pauta mi experiencia docente, y luego de ahí haciendo una especie de salto inferencial, todo lo conjetural y arriesgado que sea. En cualquier caso, de esas apreciaciones subjetivas, felizmente, nada depende.
Lo que es indudable es que hubo muchos miles de madrileños que marcharon el sábado 17 de marzo de Cibeles a Atocha para pedir el cese de la agresión bélica del imperialismo estadounidense contra la República de Mesopotamia.
No es, cual lo sostiene el Sr Rajoy, una cuestión del pasado, ya superada. La guerra continúa. La camarilla títere de Bagdad es una hechura del ocupante, sin el cual se desmoronaría como un castillo de naipes. Cada día en que los yanquis siguen en Mesopotamia es un día de guerra continuada. Igual que la agresión de Napoleón contra nuestra Patria no terminó el día en que el Emperador entró triunfante en el Madrid ocupado y aplastado, sino que se prolongó hasta su derrota por el pueblo español en 1814, del mismo modo la agresión de los estados unidos contra Mesopotamia sólo terminará el día en que, vencido por el pueblo iraquí, alzado en armas para defender y reconquistar su independencia nacional, abandone el país del Tigris y el Eufrates.
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